El hallazgo del diminuto cráneo de diápsido (número de campo #50)

En la campaña 2001 fueron realizados cientos de descubrimientos, aunque uno de ellos destaca por su interés científico y por las circunstancias del hallazgo.
 

Crónica de un hallazgo

Mònica Pujadó y yo trabajamos en los restos de un herrerasaurus, para liberarlo de su protección de roca, todavía no conocemos el alcance de los restos por lo que todavía procedemos con mucha cautela.

Días antes se habían localizado varias piezas pequeñas, de la cola y de las patas del animal. Es importante revisar cada concreción que desenterramos y comprobar si contiene hueso.
Al cabo de un rato llega Ricardo con su camioneta, sombrero, mochila y mate. Lo último casi lo mas importante para pasar un día en el campo. Mònica y yo, inseguros todavía sobre la forma de proceder le planteamos nuestras dudas y recibimos con satisfacción su aprobación. El día anterior habia desenterrado la garra y los dedos del animal y nos muestra orgulloso el material.

La limpieza avanza a buen ritmo y ahora ya estamos seguros de que estamos realizando el trabajo correctamente y podemos confiarnos un poco mas e ir mas rápido.

Ricardo es una persona muy particular, superados los cuarenta años, se ha transformado en un punto de referencia para nosotros ya que en el campo siempre aprendemos algo nuevo de sus palabras. Esta vez la conversación se centra inicialmente en las dificultades que presenta la paleontología en la Argentina y en particular en San Juan. 

Ricardo nos relata algunos recuerdos de las expediciones con Paul y del descubrimiento del eoraptor, el dinosaurio mas antiguo conocido a fecha de hoy. Un animal que todavía no ha sido descrito en su totalidad por sus descubridores. Notamos cierta tristeza por el retraso en su presentación en sociedad, aunque también detectamos el orgullo que siente cuando habla de él.

A medida que la mañana avanza, el sol va recorriendo su curva desde el horizonte hacia la vertical. El calor va en aumento y el trabajo se va haciendo mas dificil, aunque por el tipo de actividad que estamos realizando, no llega a ser molesto.

Mientras continuamos limpiando alrededor del cuerpo del bicho, Ricardo centra su actividad en una zona donde se ha localizado un segmento de la cola.

Es importante tener cuidado cuando se utiliza el pegamento ya que al mantener unidas las piezas mientras se secan, pueden quedarse adheridos los dedos, entre si o a la propia pieza. No es raro tener capas de pegamento seco en las yemas de los dedos después de haber estado trabajando en el campo montando piezas.

La limpieza en profundidad de la zona donde se encontraron los restos de la cola proporciona las primeras sorpresas del día.

Con insistencia, paciencia y buen ojo, Ricardo rescata una por una las vertebras de la cola, hasta la última. La primera cola completa de Herrerasaurio encontrada hasta la fecha.

La meteorología de cada día, durante la primavera, en Ischigualasto sigue ciclos bastante predecibles y es habitual comenzar con un amanecer fresco, experimentar una subida de temperatura a lo largo de la mañana, hasta que casi al mediodía comienza a soplar una brisa, algunas veces fuerte, que ayuda a aliviar el calor.

Ricardo se centra esta vez en la zona de la cabeza del animal y limpia con el dental tool con rapidez y destreza toda la zona adyacente. Al cabo de un rato ya ha liberado el bloque que aparentemente contiene la cabeza del animal y al levantarlo observa que este tiene se encuentra en posición horizontal, como si la mandíbula estuviera apoyada en el suelo. Al levantarla, con mucho cuidado, vemos que conserva algunos dientes en su posición natural. Otro éxito en un animal que al principio no indicaba que estaría tan completo. 

Después de apartar la cabeza del animal y prepararla para ser vendada con yeso para su transporte, Ricardo decide dar una vuelta para estirar las piernas, como celebración por haber rescatado la mandíbula con los dientes del bicho.

Es habitual que durante las sesiones de limpieza, que son monótonas y repetitivas, los músculos comiencen a doler debido a las posiciones que adaptamos durante el trabajo.

Una forma de relajarse es estirar las piernas, dar un pequeño paseo e incluso aprovechar para prospectar un poco o incluso localizar un improvisado baño en el cauce seco de algún río o arroyo cercano. 

En el caso de Ricardo, creo que fue esto último lo que le hizo levantarse repentinamente y comenzar a caminar en dirección hacia el Oeste. Su forma de caminar por el campo es bastante característica ya que no mira hacia delante, mira hacia abajo y se detiene con mucha frecuencia para levantar alguna concreción y mirarla con mayor detenimiento. Según sus palabras, en los años que lleva caminando por el valle ya habrá inspeccionado cientos de miles de estas. A el no le sorprende que encuentre mas fósiles que otros prospectores, según el no es cuestión de suerte, es cuestión de actitud.  

Habrá sido eso lo que le hizo detenerse a inspeccionar un fragmento de hueso pequeño. Nada mas acercarse al suelo, según sus palabras, en lugar de centrar su mirada en el fragmento que le había llamado la atención, ve una concreción con una forma curiosa y al levantarla tuvo la enorme sorpresa de comprobar que se trataba de un cráneo diminuto. Tal fue su emoción que se puso a gritarnos en Inglés, como si fueramos gringos ¡!!. 

La actitud de Ricardo, su perseverancia, los miles de concreciones, la suerte y su buen olfato siempre le han dado sus frutos. El eoraptor, el jachalsaurus y este pequeño cráneo, esperemos que sea de un protomamífero, son el fruto de un trabajo bien hecho.

Este cráneo, una nueva forma desconocida para la paleofauna de Ischigualasto, presenta a primera vista algunas características que permiten determinar que se trataría de un diápsido (dos aberturas temporales a cada lado del cráneo), aunque será la preparación en el laboratorio la que con el tiempo nos permitirá llegar a más precisiones.

Durante un buen rato exploramos la zona cercana al cráneo para asegurarnos que no existían otros fragmentos de hueso relacionados, o incluso otro cráneo. La suerte no nos acompaña, ya hemos gastado mucho en lo que llevamos de día y volvemos al trabajo con el herrerasaurio. 

Sobre las cuatro de la tarde el cansancio ya se hace notar y decidimos volver al campamento. 

La norma habitual es que todos debemos estar en el campamento sobre las
cuatro de la tarde y en caso de que a las cinco de la tarde falte gente, el resto del equipo tiene que estar informado de alguna forma de la causa del retraso. En caso de que no se tenga noticias de alguien sobre esa hora, se sale a buscarle.