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Pangea |
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En el Triásico todos los continentes estaban unidos formando una gran masa continental llamada Pangea. Durante el Triásico Inferior en el borde occidental de este megacontinente, grandes fuerzas “extensionales” abrieron fisuras en la tierra generando “cuencas” que lentamente y gracias a la erosión de zonas elevadas comenzaron a llenarse de sedimentos. Una de ellas fue precisamente la Cuenca de Ischigualasto, la que en su historia de relleno de más de 45 millones de años fue “entrampando” evidencias de la vida en esos tiempos, ya sea de animales como también de una gran variedad de plantas.
Durante la primera etapa de este relleno, grandes abanicos aluviales formados por ríos, tales como los que hoy vemos en las laderas de las montañas, se desarrollaron en los bordes de esta depresión, las que llenaron la cuenca con gruesos sedimentos provenientes de zonas alejadas. Para ese entonces, un clima muy árido y cálido oxidó los sedimentos dándole rojas coloraciones. Este lapso de relleno se mantuvo durante todo el Triásico Inferior. Hoy en día gran parte de esos sedimentos rojizos están preservados y se les conoce como Formaciones Talampaya y Tarjados.
Mientras, la tierra seguía fisurándose, el clima fue virando hacia condiciones cada vez mas húmedas y dentro de la cuenca de Ischigualasto empezaron a circular grandes ríos que juntaban sus aguas en el centro de la depresión formando un profundo lago llamado el lago de Ischichuca. Este lago fue muy propicio para el desarrollo de un ecosistema poblado de plantas y animales, cuyos restos fueron preservados como un tesoro escondido entre las rocas que hoy vemos en las Formaciones Chañares e Ischichuca.
Luego, la Tierra tuvo un descanso y la cubeta que se había formado comenzó a llenarse nuevamente, el extenso lago Ischichuca cada vez fue menos profundo hasta casi desaparecer. Aún sin un gran lago, las condiciones climáticas fueron muy propicias para el desarrollo de plantas y animales, aunque lamentablemente solo las primeras fueron preservadas en el libro de los estratos, mientras que los grandes tetrápodos sólo dejaron el testimonio de sus pisadas en lo que hoy se conoce como la Formación Los Rastros.
Así paso el Triásico Inferior y el Medio, pero afortunadamente la historia de esta cuenca no terminó ahí. Al comenzar el Triásico Superior la Tierra aún activa volvió a abrirse y grandes ríos volvieron a llevar sus sedimentos y dejarlos en esta cubeta como testimonio de su existencia. Si bien el clima volvió a castigar la tierra con la aridez y el calor, numerosos animales que poblaron la Tierra durante este tiempo se desarrollaron y vivieron junto con plantas del desierto y fueron atesorados el seno de lo que hoy es la Formación Ischigualasto.
Y la Tierra habría dado su último suspiro triásico. Después sólo se encargó de llenar la cuenca con los sedimentos de ríos y dunas eólicas hasta colmatarla, sin antes dejar en su interior los últimos testigos de vida Triásica en el corazón de los rojos sedimentos que hoy forman la Formación Los Colorados.
Pasaron millones de años, cerca de 180, y todo el Triásico se mantuvo oculto capa tras capa dentro de la Tierra, pero la Tierra es móvil y el sueño terminó. Durante el Terciario ya los continentes se habían separado y estaban casi como se encuentran hoy día, aunque la cordillera de los Andes recién se estaba formando. El gran empuje de la cordillera para emerger alcanzó los terrenos más orientales y en ellos la cuenca de Ischigualasto que estaba enterrada emergió también y las diferentes capas que se habían depositado en forma horizontal se doblaron plegándose como un papel, formando una gran montaña, lo que paradójicamente había sido una depresión.
Después, el agua y los vientos actuales empezaron a trabajar desgastando muy de a poco las rocas dejándolas como las vemos hoy, algunas formando depresiones o zonas bajas como la Formación Ischigualasto, por ser más blandos sus sedimentos la erosión actúa rápidamente. Las rocas más resistentes forman las zonas más elevadas, ya sea en forma de serranías como la Formación Los Rastros o formando grandes e imponentes paredones como la Formación Los Colorados.
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