|
|
La historia de Ischigualasto como uno de los más importantes yacimientos fosilíferos del mundo, se entremezcla en sus inicios con las realidades locales de 1870, cuando se buscaba la expansión para el desarrollo de Argentina. En este año, bajo la presidencia del Dr. Domingo Faustino Sarmiento, se logra la aprobación de la Ley 448, donde se otorgaba un premio al descubrimiento de una fuente de energía para los ferrocarriles. Por ese entonces, se realizaron expediciones geológicas en busca de carbón de piedra, y el premio consistía en una suma de dinero destinado al apoyo para la explotación de la mina.
Stelzner, un geólogo que se dedicaba a la estratigrafía, es decir buscaba y describía localidades con rocas sedimentarias, realiza la travesía que une Patquía con Jáchal, lo que sirvió para que un tiempo después, se describieran los mantos carboníferos que luego serían conocidos como pertenecientes a la Formación Los Rastros. Pasaron varios años hasta que en 1911 Bodenbender hiciera una nueva referencia a esta área, remarcando la dureza del trabajo en el lugar. Aproximadamente una década después se comenzó la explotación de mineral de carbón, el que se transportaba a Jáchal. La explotación suponía un gran desafió, por la extrema escasez de agua y vegetación necesarios para la manutención de ganado mular destinado al transporte.
En 1927 se produciría un hallazgo que marcaría un hito en la historia de Ischigualasto, el geólogo Ricardo Rigal descubrió huellas fósiles de un animal cuadrúpedo en niveles de arenas cementadas que se intercalan con los mantos que se explotaban con carbón. De ahí la denominación de Los Rastros para estos estratos ya que “rastros” significa huellas. El geólogo Rigal invitó a examinar las huellas al paleontólogo alemán Von Huene, que se encontraba en una expedición en Brasil. Von Huene, después de su regreso a Alemania en el año 1931, publica este hallazgo dándole a las huellas el nombre de Rigalites ischigualastianus.
Tiempo después, Von Huene estableció contacto con el entonces joven paleontólogo de la Universidad de Harvard, Dr. Alfred Romer, quien sería uno de los paleontólogos más importantes del siglo pasado, haciéndole referencia a Ischigualasto. Von Heune alentó a Romer a continuar con los estudios en la zona, indicándole además que pusiera especial atención al estudio de los sedimentos al este del cañón del Agua de la Peña. A pesar de ello, no sería Romer quien publicaría el primer trabajo sobre fósiles vertebrados de Ischigualasto.
La fuerte necesidad de carbón originada por la llegada de la Segunda Guerra Mundial, revalorizaron los sedimentos con niveles carbonosos, por lo que se le encarga al geólogo Joaquín Frenguelli la reanudación de los estudios estratigráficos para la explotación de la abandonada mina de carbón de Los Rastros. Fue justamente Frenguelli quien hizo el primer hallazgo de restos de vertebrados en 1942, enviando el cráneo de un cinodonte y restos de peces al paleontólogo Ángel Cabrera de la Universidad de La Plata. Con la publicación del hallazgo en 1943, se da a conocer el primer registro para la Argentina de reptiles fósiles del Triásico.
Un año después, el geólogo Heim de Yacimientos Carboníferos Fiscales es enviado para evaluar las posibilidades mineras de la zona, a su regreso, expresa la magnitud de la riqueza fosilífera de la región. En 1948 Frenguelli publica el estudio geológico completo de la zona.
A fines de la década del cincuenta, el ya prestigioso paleontólogo de vertebrados Dr. Alfred S. Romer, realiza un convenio con el Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires para la exploración conjunta de los yacimientos Triásicos del oeste argentino. En esos años Romer, acompañado por el joven paleontólogo Edwin Colbert, visitan nuestro país para hacer un reconocimiento previo de varias localidades fosilíferas, entre ellas los yacimientos de Mendoza, en la Zona de Cacheuta-Potrerillos, e Ischigualasto.
Por fin en 1958, Romer organiza la primera expedición científica a Ischigualasto en busca de fósiles vertebrados. Lo acompañaban su esposa y los técnicos Jim Jensen y Ernest Lewis. A su llegada a Ischigualasto, se ponen en contacto con quien sería el vaqueano de la expedición, Don Martín Villafañe, oriundo de Balde del Rosario. El sitio escogido para acampar dentro de Ischigualasto fue a la entrada del cañón del Agua de la Peña.
Después de esta campaña, Ischigualasto no volvería a ser el mismo, y tampoco quienes lo exploraron. El entusiasmo por la cantidad de restos fósiles y su calidad de preservación, llevaron a Romer a escribir en su informe: “...cada paleontólogo sueña con encontrar algún día, un yacimiento virgen cubierto de cráneos y esqueletos,….casi nunca se realiza este sueño...”. Quienes tuvieron contacto con Romer expresaron que cuando él se refería a Ischigualasto lo describía como “el paraíso de los paleontólogos”.
El suceso no sería pasado por alto por la comunidad, ya que en la campaña se encontraba el periodista Rogelio Díaz Costa, del Diario de Cuyo. Este periodista fue un gran impulsor del reconocimiento público del área, siendo además quien llamó por primera vez “Valle de la luna” a Ischigualasto.
En el mismo año, pero unos meses después que Romer, la Universidad de Tucumán realizó una expedición bajo la dirección de Osvaldo Reig, acompañado por el técnico José Bonaparte y el estudiante Rafael Herbst. En estas campañas se hizo un hallazgo de relevante importancia, el primer dinosaurio de Ischigualasto, que a su vez es uno de los dinosaurios más antiguo conocido hasta el momento. El nombre de este dinosaurio, Herrerasaurus, se puso en homenaje a otro vaqueano de la zona, Don Victorino Herrera.
Durante la década del sesenta se dieron a conocer gran parte de la fauna de Ischigualasto, debido especialmente a los trabajos de Osvaldo Reig y José Bonaparte. Este último, siguió trabajando en el área por más de diez años, siendo el descubridor de toda una nueva fauna en los sedimentos rojos de la Formación Los Colorados.
En el año 1970 se forma en la antigua Universidad de Cuyo la carrera de Geología dentro de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, en la provincia de San Juan. En esta carrera se insertó el recién llegado Dr. William Sill, alumno de Romer, quien fue uno de los participes en la creación del Parque Natural Ischigualasto en 1971. Este acto tuvo como objetivo resguardar lo que ya era considerado uno de los más importantes yacimientos paleontológicos de vertebrados y a partir de ese año todos los fósiles que se han colectado en Ischigualasto están depositados bajo la custodia del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de San Juan quien ejerció además la custodia científica del Parque desde entonces.
Casi veinte años después, en 1988, el Dr. Paul Sereno de la Universidad de Chicago lidera una campaña a Ischigualasto junto con el Museo “Bernardino Rivadavia” de Buenos Aires y el Museo de Ciencias Naturales de San Juan. En esta campaña, que constituyó el redescubrimiento paleontológico de Ischigualasto, se realizaron centenares de nuevos descubrimientos, pero se destacó sobre todo el hallazgo del primer cráneo completo de un “Herrerasaurus”, la misma especie de dinosaurio encontrada por primera vez por don Victorino Herrera en 1963.
Tres años después, en 1991, en otra campaña realizada por la Universidad de Chicago y el Museo de Ciencias Naturales de San Juan, el geólogo Ricardo Martínez pondría a Ischigualasto nuevamente en la boca del mundo, al realizar el hallazgo del segundo dinosaurio para Ischigualasto bautizado como “Eoraptor lunensis”.
Desde el año 1994 y hasta la actualidad, el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de San Juan, es la única institución que realiza campañas periódicas a Ischigualasto. Este Museo posee en su colección todos los especímenes colectados en Ischigualasto desde el año 1970, siendo ésta a la fecha la más importante colección de vertebrados del Triásico Superior del mundo.
|
|